Cuenta la leyenda urbana, que el día que salió publicado esto, el dueño del diario del Cusco, compró todos sus periódicos, los quemó y castigó al responsable de corrección (Claro no sin antes, arremeter contra otros trabajadores). Los matutinos que sobrevivieron se guardan en algunos archivos. Yo enmarqué mi contratapa, la conservó y de vez en cuando, la releo para recordar que el periodismo escrito (gracias a sus errores) puede llegar a ser entretenido. Todo un clásico, señores.
